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Domingo 30 de Septiembre de 2012

INVESTIGACIÓN / La historia de la educación femenina en Chile:
Ir al colegio, la revolución de Anna du Rousier

Una nueva investigación de Alexandrine de La Taille devela la figura de esta religiosa de la Sociedad del Sagrado Corazón, que llegó a Chile en 1854 para fundar un colegio para señoritas y una escuela gratuita. Su novedoso plan de estudios, régimen de internado, reglamentación del tiempo cambió para siempre la enseñanza de las niñas.  
MARÍA SOLEDAD RAMÍREZ R. Cuenta la historiadora Alexandrine de La Taille, académica e investigadora de la Universidad de los Andes, que su primer interés era la figura de Anna du Rousier (1806-1880), una religiosa cuya historia de vida está muy lejos de cualquier idea de reposo conventual. Como parte de la congregación francesa Sociedad del Sagrado Corazón, Du Rousier recorrió extensas y difíciles distancias durante el siglo XIX; enfrentó revoluciones, culturas desconocidas y hasta el fin del mundo, en su viaje a Chile, en 1853. Pero, agrega De La Taille, investigando sobre ella y su misión educativa fue que terminó por descubrir que no solo fue una mujer intrépida, sino que también figura central en los albores de la educación femenina chilena, al venir al país para fundar el colegio del Sagrado Corazón -las monjas inglesas-, que por primera vez ofreció un programa de estudios modernos para las señoritas de la República (y para las más pobres también).

Es este descubrimiento que Alexandrine de La Taille despliega en un poco más de 400 páginas en el libro que será lanzado esta semana por Ediciones UC. “Educar a la francesa. Anna du Rousier y el impacto del Sagrado Corazón en la mujer chilena (1806-1880)”, es una acuciosa investigación que relata los pormenores de esta religiosa, nacida en 1806 en una Francia todavía surcada por los efectos de la revolución, y que en 1823 ingresa a la congregación fundada, en 1800, por Sofía Barat (posteriormente Santa Magdalena Sofía), de llamativo corte moderno: una congregación de vida activa, donde las religiosas no solo rezan, sino que también realizan servicios concretos a la sociedad donde están insertas. En este caso la opción de educar a las mujeres bajo nuevos conceptos de racionalidad y juicio, teniendo como soporte la Ratio Studiorum de los jesuitas.

Anna destaca prontamente y, tras misiones en Italia y Estados Unidos, embarca desde Nueva York, acompañada de Mary Mac Nally (irlandesa) y Antonieta Pisorno (italiana), hacia Chile, en agosto de 1853, tras la insistente invitación del arzobispo Rafael Valentín Valdivieso y del propio gobierno, encabezado por Manuel Montt. Desembarcan en Valparaíso en septiembre y se instalan en Santiago días después, iniciando un camino sin retorno. En Chile fundan el colegio de Santiago (1854) y luego Talca (1858), Concepción (1865), Valparaíso (1870) y Chillán (1874), siempre junto a una escuela gratuita para niñas pobres; se hacen cargo de la primera Escuela de Preceptoras (1854) y luego la de Chillán (1874) y fundan un colegio en Lima (1876) y en Buenos Aires (1880).

"Yo espero develar el personaje. La labor de ella en la historia de la educación chilena es fundamental", señala la historiadora, destacando las características personales de la religiosa, su perseverancia, fortaleza y fidelidad a los ideales de su congregación.

Las expertas de la educación

-Las religiosas llegan en un momento en que se está discutiendo cómo debe ser la educación en la República.

"Sí, claro. En ese momento estaba Domingo Faustino Sarmiento y los hermanos Miguel Luis y Gregorio Víctor Amunátegui diciendo ‘queremos educar a estos ciudadanos para esta nueva república, y estos ciudadanos tienen mamás, tienen señoras, entonces no podemos tenerlas sin educación’. Sarmiento es muy importante, él dice ‘no podemos parar la educación en la puerta de la casa’".

-Ya había una legislación, de 1813, sobre la obligación de abrir escuelas para hombres y mujeres.

"Sí, existe una certeza de que la educación es necesaria. Se ve una preocupación estatal de traer el experto".

-En ese sentido la congregación del Sagrado Corazón viene a ser experta en educación.

"Sí, esta congregación se posicionó muy bien y rápidamente. La clave de por qué les va tan bien creo que es porque se asesoraron por los jesuitas, los expertos".

-¿Cómo se entiende, dentro de la discusión entre ultramontanos y liberales, que el Estado les entregue la educación femenina a las religiosas?

"Lo paradójico es que en el siglo XIX, del cual hemos aprendido que es cuando el Estado se seculariza, sea el mismo en que el Estado se pone de acuerdo con el arzobispo para traer a unas religiosas para educar a las mujeres. ¿Por qué? Porque eran las mejores. No hay una competencia laica en ese momento, que estuviera dispuesta a venir para acá".

-Al llegar, el Estado le ofrece dirigir la escuela normal de preceptoras. ¿Por qué se toma esa decisión?

"Nuevamente, porque quiere dárselas a un especialista. Estoy haciendo un estudio que aún no he publicado, sobre esta materia".

-Cuéntanos un poco más de esto, ¿qué importancia tuvo su dirección?

"Fue muy importante. Primero, porque para la Sociedad del Sagrado Corazón, como congregación religiosa, era una experiencia nueva. Ellas educaban a la élite y a las personas más desfavorecidas. Existe un sector medio al cual no llegaban. Cuando le ofrecen esto, es una parte de la sociedad que no conocen y les toca crear el primer reglamento para las futuras maestras de la República. El Estado las examina, algo que al principio no le gusta, pero luego acepta".

-¿Entonces hay una transferencia de la educación religiosa de la élite a las maestras que trabajarán en las escuelas laicas?

"Exactamente. El plan de estudio no es igual al colegio privado, es parecido; las lecturas no son iguales, pero hay similitudes. Se las elige porque las religiosas-profesoras del Sagrado Corazón tienen una muy buena preparación para ser educadoras. Su noviciado no es solo para ser religiosas, sino para ser profesoras".

-El decreto de Amunátegui de 1877, sobre el ingreso de las mujeres a la universidad, fue justo poco antes de la muerte de Anna, ¿tampoco esta polémica les afectó?

"Lo que pasó acá es que a ellas, en ese momento, no les afecta mayormente, porque los colegios son de la congregación. Pero sí les afecta el tema de la escuela normal, porque ya se está discutiendo si son las más adecuadas para educar a las futuras maestras de la República. Ahí sí hay una tensión entre Anna y el gobierno. Hay una relación epistolar bien tensa por seguir con la escuela normal y por mostrar transparencia sobre lo que ha hecho. Como el Estado pagaba, ella da cuenta de todo lo que hace. Como se la entregaron sin nada, ahora hay una molestia de las religiosas porque el gobierno viene a interpelar lo que están haciendo".

Lo novedoso de “ir al colegio”

"Cuando estas religiosas llegan a Chile es una revolución, es ir al colegio y escolarizar", señala De La Taille sobre lo novedoso que era en 1854 que un padre decidiera enviar a su hija a un colegio.

Aunque las alumnas quedaban en un curso de acuerdo a sus conocimientos y no por su edad, en las clases había una profesora, pizarrón, tablillas para escribir. El régimen del internado era estricto y riguroso, con un horario diario que de rezos, horas de clases, de estudio, recreos y trabajos manuales.

El plan de estudio contempla instrucción religiosa, clases de literatura, lectura y gramática; dictados; historia del mundo y sagrada, mitología, geografía; matemáticas; lenguas extranjeras; danza, música y dibujo; economía doméstica y trabajo manual. Además, aprenden a comportarse, a tener una conversación interesante e informada, a llevar una casa.

-¿Qué es lo que consideras lo más novedoso del programa de estudio?

"Creo que es muy novedoso el empleo del tiempo y la cantidad y profundidad de materias que imparten. En lo único en que se pueden quedar cortas es en la parte matemática. Pero en historia, mitología, filosofía, religión… eso me impresionó mucho. Cuando empecé a revisar las fuentes nunca pensé que me iba a topar con esto".

-Las religiosas dicen que las chilenas son poco ordenadas y desprecian el trabajo doméstico. Parece que lo más novedoso es la disciplina…

"Sí, la reglamentación y aprovechamiento del tiempo. Rezar cuando hay que rezar y estudiar cuando hay que estudiar. Les sorprende mucho a las religiosas la piedad barroca; podrían estar todo el día en la procesión. Y lo otro importante es el trato, se tratan de usted, rezan por la otra. Todo está orientado para que la mujer tenga un discernimiento formado y sea un verdadero apoyo al hombre, no solo una compañía. Hay que contar con el juicio femenino, decían".

-En el libro también queda claro que no existen grandes diferencias con la enseñanza del Instituto Nacional.

"Estudié los programas del Instituto Nacional porque quería tener un punto de comparación. No es verdad lo que dice la historiografía, de que las mujeres no aprendían. Aprendían y mucho".

-¿Y cómo era la diferencia con la escuela gratuita?

"Total. Aprendían mucho menos, porque no podían exigir asistencia. La asistencia era libre porque una persona, en cuanto no tiene medios, no es libre. La escuela gratuita es muy distinta, el énfasis está puesto en la parte doméstica, porque en el rol social lo más probable es que esa persona se desenvuelva en un medio doméstico".

-¿Por qué en la historiografía chilena Anna du Rousier es obviada?

"Sí, absolutamente olvidada y obviada. Creo que porque no se ha dicho mucho sobre la historia de la educación en Chile. El libro clásico de Amanda Labarca sobre la historia de la enseñanza en Chile, dice que llegaron estas congregaciones, se dedicaron a enseñar las labores propias de la domesticidad y si es que las primeras letras y nos hemos quedado con esa idea".

 


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<p><b>DESTACADAS EX ALUMNAS<br/></b>Las hermanas Mira se dedicaron al arte. Amalia Errázuriz y Lucía Bulnes destacaron en el ámbito cultural; Elena Tocornal e Isabel Irarrázabal en la beneficencia y el trabajo por la iglesia.<br/><br/><b>Isabel Irarrázabal.<br/><br/>Amalia Errázuriz.<br/><br/>Lucía Bulnes.<br/><br/>Aurora y Magdalena Mira.<br/><br/>Elena Tocornal.<br/><br/></b></p>

DESTACADAS EX ALUMNAS
Las hermanas Mira se dedicaron al arte. Amalia Errázuriz y Lucía Bulnes destacaron en el ámbito cultural; Elena Tocornal e Isabel Irarrázabal en la beneficencia y el trabajo por la iglesia.

Isabel Irarrázabal.

Amalia Errázuriz.

Lucía Bulnes.

Aurora y Magdalena Mira.

Elena Tocornal.


Foto:EL MERCURIO / EDUCAR A LA FRANCESA 


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